rid Mad

Al final del texto encontrarás el video. Te invito a leer primero estas palabras para vivir la experiencia completa.

Disfruta.

A esas horas lloviendo o yo mirando


Brelato de Nocturnio y Alevosio

A gatas pardas, buenas ópticas

Chajurdo de mi gabán


En una sociedad sin evasión, cuando la realidad supera a la aflicción ocasiona La Guerra de los Neones.


Aparecen lámparas y farolas vestidas de luminarias allá dónde no deberían y el caos se apodera de los lentes.  Sobrevienen cargadas de esperanto hablando como mil lenguas que escupen horizontes de fuego.

Del aguacero fuerte que viene, nada evita que alcance el chaparrón.


Y de sus apagados ojos encomiando luces naturales se asienta en sus fauces un leve rayo de optimismo. Dicen los más veteranos del lugar que por las noches —cuando nadie pasa— se cargan de valor y relampaguean a incesantes y alternos ratos destellos que deslumbran y ciegan la razón.

Aconsejan, entonces, no mirarlas o evitar las horas intempestivas.


Y las mentes obtusas por sus ángulos se refugian bajo palio


La Guerra de los Neones siempre estuvo entre nosotros. Fueron plantados en días contemporáneos y, latentes, agazapados bajo tierra, evitan moverse esperando la tormenta que las devuelva a la vida y sobresalgan sus gigantescos cuerpos. Sin prisa, pues mientras tanto simulan iluminar las calzadas y aceras molestando a las primeras plantas.


Es el precio que se paga por su presencia.

Otros lo llaman peaje.


Beato Darzádegos